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Un día después del estreno de la obra “De cuento” interpretada por las niñas con las que he compartido clases este curso.

Un día después en el que me he despertado con la sensación de que había pasado un trailer sobre mi cuerpecito.

Un día después para poder sentarse y valorar lo hecho.

Y se dibuja una sonrisa en mi cara y pienso que todo lo pasado vale la pena. Vale la pena por esos minutos todas colocadas en el escenario, con el telón echado, con esas caras entre felices y muertas de miedo, con unos nervios que no las dejaban quedarse paradas esperando el momento…

Y es que… ¡ese momento es tan especial!

Para mí es el que me ha enganchado al escenario para siempre, y viendo sus caras comprendo el por qué. Y comprendo el interés en hacer una muestra. Me reconcilio un poco con la necesidad que se siente de mostrar, aunque sigo defendiendo hacerlo de otra manera, menos exigente para que tampoco se quede sólo en eso la experiencia del taller teatral. Porque ¿qué sería del teatro sin el público?

Estoy contenta sobre todo porque ellas se lo han pasado bien. Y aunque hubo momentos de caos, de blanco total, supieron salir de ellos y seguir con la obra. Algunas tenían miedo de que se les olvidase el texto, pero luego se les olvidó y como sabían lo que pasaba en la escena improvisaron y lo salvaron muy bien.

Tengo que reconocer que unos de los momentos más bonitos y emotivos fueron las coreografías. Con una música muy bonita, supieron transmitir emoción al público. Cuando las montábamos me decían que les daba mucha pena, y yo les dije que no pasaba nada. Que era para eso, y para que esa pena la transmitieran al público, porque era un momento triste en la obra. Jo, y vaya si lo entendieron…

He escuchado las canciones que me inventé en casa, y la verdad que también lo que se siente es una responsabilidad enorme. Tanto en las clases como en la representación. Las niñas y niños están ahí contigo y aprenden y toman todo lo que les das. Hay que tener mucho cuidado para darles cosas bonitas, ser ejemplo.

Ahora en mi andadura en La Casa Arcoíris lo compruebo cada día, ya que dos de mis incondicionales son de la casa y las veo incorporar juegos de clase en sus vidas.

Creo que ese sentido de responsabilidad es bueno. Creo que todos deberíamos ser conscientes de ello. Porque somos responsables de darles herramientas que les sirvan para desenvolverse en la vida de una manera consciente y positiva.