Esta semana se celebra la Semana Mundial de la Doula. Más que aquí, en otros países, donde esta profesión está consolidada y muy valorada.

En La Casa Arcoíris creemos en la libertad de las madres para tomar sus decisiones con toda la información en la mano, y esto incluye estar a favor de esta figura si es la madre la que decide que quiere contar con una.

En próximas entradas iremos compartiendo información sobre el trabajo de las doulas, sobre lo que deben hacer y lo que no, para que las vayáis conociendo un poquito más.

Durante los últimos meses, hay mucha gente que carga contra las doulas. Las llaman intrusas. Nos advierten a las mujeres que tengamos cuidado con ellas.

Personalmente he tenido la suerte de toparme con algunas de ellas en los últimos años. Sobre todo con una que es la persona más cálida, amorosa y dulce que conozco.  Ella estuvo a mi lado en mi segundo embarazo. Siempre dispuesta a escucharme a la salida de mis consultas en el hospital. Tan confusa unas veces y tan cabreada otras.

Estaba ahí y me hacía sentir mejor. Estaba ahí y hablábamos sobre cosas de madres. Sobre sentimientos y hormonas. Sobre deseos y sueños. Estaba ahí alegrándose conmigo de mis alegrías y sintiendo como propias mis desesperanzas.

Dicen que eso no lo tiene que hacer ella, que tendría que hacerlo esa señora que me regaña si no me quiero pesar en su consulta. Esa que me programa citas y que ni siquiera me pregunta cómo me siento ni los planes que tengo para mi parto.

Es cierto que podría buscar otra matrona… pero también es cierto que para buscar otra matrona tengo que tener mucha información, para encontrar una que coincida conmigo en la manera de ver las cosas. Y al informarme y tener todo tan claro, estoy tan segura de todo, me siento tan poderosa, que en mis momentos de bajón lo que más me apetece es llamar a mi doula.

Porque para hacer lo que hace mi doula no hace falta tener una carrera sanitaria. Hace falta tener empatía, saber escuchar, tener una mirada limpia y ser buena persona. Mi doula sabe ofrecerme información contrastada y veraz sobre embarazos, partos y lactancias. Y si le pregunto sobre ello y sabe la respuesta me la dice. Y si no la sabe me ayuda a buscar a quien la sepa.

Pero lo mejor de todo es que mi doula está de mi parte, quiere lo mismo que quiero yo. Y va a estar ahí, caminando a mi lado, para darme un gran abrazo cuando lo consiga. O para darme un gran abrazo cuando lloremos por no haberlo conseguido.

Tuve la suerte de que mi doula se estaba convirtiendo en mi amiga. Que todo surgió de la manera más natural. Que prescindimos de la compensación económica por su trabajo igual que un amigo informático te formatea el ordenador y te instala el antivirus gratis. Pero no porque no la mereciera.

He leído opiniones en contra de la remuneración del trabajo de las doulas. Como si fuera dinero sucio. Como si su apoyo y su ayuda sólo fueran por dinero. Como si no fuera un trabajo.

Digo que tuve suerte, sobre todo para mi bolsillo, porque en mi segundo embarazo, busqué otra matrona, y la pagué. El precio que cobra una matrona por el seguimiento del embarazo y la atención al parto en el domicilio es elevado para una economía familiar normalita. Pero es totalmente justo por todo lo que conlleva.

Encontré la mejor matrona del mundo. El dinero mejor invertido de mi vida. Y me encontré con mi doula, sin buscarla. Y a ninguna de las dos pudo sustituirla la otra.

Afortunadamente, ahora podría elegir entre muchas matronas que me encantan y muchas doulas estupendas, pero me sigo quedando con las mismas.

Ninguna de estas matronas que elegiría ven a las doulas como intrusas, ni se ven amenazadas por ellas, es más, alguna hasta ha hecho un curso de formación para doulas, sin importarle que el título no sea válido ni sirva para nada, sólo por el simple hecho de abrir su mente y su corazón a una profesión emergente deseosa de ser útil. Hasta han asistido partos en compañía de doulas, aceptando la decisión de la mujer y trabajando en colaboración con ella sin miedo, con gusto, con la satisfacción de cumplir un deseo.

Alguna de estas matronas hasta ha tenido la compañía de una doula en su parto.

Ninguna de las doulas que conozco ha asistido a un parto sin matrona. Ninguna ha intentado engañar a las mujeres diciéndoles que no necesitan buscar una matrona. Ninguna se ha aprovechado de la vulnerabilidad de una madre para hacerle creer que sabe más de lo que sabe. Ninguna ha hecho ningún acto correspondiente a las competencias de una matrona.

Es más, ninguna de las doulas que conozco le ha dicho a una mujer que se suba a la báscula ni que le va a tomar la tensión.

 En La Casa Arcoíris tenemos una doula.

Y varias matronas.

Para lo que cada mujer pueda necesitar.